Esto aplica para cualquier aspecto de la vida, pero hoy te voy a hablar como fotógrafo.
Hace un par de semanas me atreví a invitar a una persona a participar en Extraordinarios. Había esperado mucho por el “momento perfecto” para proponérselo y, cuando lo hice, sentí que las cosas fluyeron. Asumí que el “sí” era definitivo, pero todo cambió poco después. Empecé a avanzar con mi proceso habitual: creé el moodboard y se lo envié para compartir la visión creativa. Sin embargo, su respuesta fue distinta a la que esperaba. Sentí resistencia y, finalmente, un rechazo.
No les voy a mentir, me frustré un poco. Inconscientemente, sentía que ya estaba en un punto de mi carrera donde la gente suele ser más receptiva a mi trabajo y acepta con mayor facilidad.
Y aquí viene la parte más importante: hazte responsable de tu orgullo.
¿Por qué digo esto? Porque en ese momento me sentí extraño. Mi cabeza empezó a sobrepensar, buscando qué había hecho yo para causar que esta persona se retractara (aunque lo hizo de forma muy amable, y sigo pensando que tiene una energía increíble). Me desilusioné, claro, porque ya contaba con ella para cumplir mis objetivos de la sesión.
Pero esta situación me dejó una gran enseñanza y, honestamente, agradezco que llegara en este momento. No debemos asumir el rechazo como un ataque personal. No pensemos que hicimos algo mal o que nuestro trabajo no es lo suficientemente bueno. Hay que entender que las personas tienen sus propias realidades: situaciones personales complejas, agendas llenas, o tal vez simplemente no se sienten cómodas frente a una cámara en ese instante. Incluso pueden arrepentirse, y eso está totalmente desligado de tu valor profesional.
Me hubiese encantado hacer esa colaboración porque, como mencioné en mi artículo anterior, su perfil despertaba mi curiosidad visual y encajaba perfecto con la esencia de lo que estoy buscando. Pero no puedo controlarlo todo ni forzar los resultados. Aunque hubiera intentado convencerla con mis argumentos, soy de los que piensan que las cosas deben fluir. Ese componente de naturalidad y disposición es vital para que todo salga como realmente quieres en el set.
El increíble aprendizaje que me deja esta experiencia es claro: toma la responsabilidad de tus proyectos y de tu ego. No te desanimes si algo no sale como esperabas. Contempla la posibilidad de que, muchas veces, el resultado final no está en tus manos. Simplemente no ocurrió esta vez. La rueda sigue girando, vendrán más personas, conocerás nuevas historias y, sin duda, llegará más gente extraordinaria.








