Este 2026 me propuse retomar esos proyectos fotográficos que alguna vez garabateé en una libreta y que quedaron olvidados durante años. Pero al tomar acción, al empezar a soltar los miedos y afrontar nuevamente esa adrenalina que me causaba tomar la cámara, la pasión ha vuelto y no me arrepiento de nada.
No les voy a mentir, he sentido miedo. No solo de desempolvar ideas, sino de acercarme a las personas para pedirles que participen. Y no es por falta de experiencia —he estado en sets y campañas grandes, sino porque el simple hecho de volver a mis orígenes, a esa esencia que me conectó con la fotografía a través de proyectos propios, genera una vulnerabilidad y una incertidumbre inmensas.
Desde hace un tiempo, tenía en mente a una persona de mi entorno para Extraordinarios. La veía seguido, pero nunca habíamos cruzado palabras. No me atrevía a hacerle la propuesta; siempre dilataba el momento buscando la ocasión “perfecta”, que obviamente nunca llegaba. Me había puesto como meta hablarle antes de que se acabara este mes de abril. Si no lo conseguía, dejaría pasar la oportunidad, y sabía que sería duro perdonármelo porque esa persona había despertado genuinamente mi curiosidad visual.
Pero el viernes tuve mi momento de claridad y di un salto de fe. No le di más largas al asunto. Me acerqué con miedo, pero con determinación. Le hablé y le comenté sobre el proyecto. Aunque el discurso que había ensayado en mi cabeza no salió, me temblaban las manos y casi no puedo anotar su número, en cuestión de segundos me sentí cómodo. Resultó ser una buena persona, con una gran energía y toda la disposición para participar. Eso me alegró muchísimo, no solo porque cumplí mi meta personal, sino porque confirmo que tiene un potencial increíble frente al lente y aún no lo sabe.
Más tarde comprendí que volver a los orígenes asusta. Te da miedo acercarte a la gente y pensar en cómo recibirán tus ideas. Pero enfrentar eso es lo que te hace crecer de nuevo; es lo que evita que te estanques en proyectos que terminas haciendo solo por compromiso. A veces, estás a un solo paso de hacer la mejor sesión de tu vida, y lo logras únicamente porque decides dar el salto y aceptar la posibilidad del rechazo.
Como dicen por ahí: “El no ya lo tienes asegurado, ahora ve por el sí“.








