Es fácil dejar que la cámara se convierta únicamente en una herramienta de trabajo. Entre los requerimientos de los clientes, los tiempos de entrega y la optimización de los flujos de producción, a veces se nos olvida por qué empezamos a encuadrar la realidad a través de un lente en primer lugar.

Ahí es donde entran los proyectos personales. No son solo un escape; son el motor invisible que mantiene viva nuestra chispa creativa. Hoy quiero compartirles cómo es el ciclo de vida de un proyecto personal, desde que es una simple idea hasta que ve la luz, tomando como ejemplo mi serie fotográfica “Extraordinarios”.

Encontrar el propósito

Todo proyecto personal nace de una inquietud. En mi caso, quería documentar algo más que estética; quería capturar a individuos con habilidades profesionales notables y un carácter único. La idea era sencilla pero poderosa: usar el retrato para rendir homenaje a la brillantez y a la calidad humana de las personas que nos rodean.

Cuando encuentras un concepto que te entusiasma genuinamente, el proyecto deja de ser una “tarea pendiente” y se convierte en una necesidad creativa.

El primer paso

La fase más difícil de cualquier proyecto es empezar. La perfección es el enemigo de la acción, así que la clave es arrancar con los recursos que tienes a la mano y con las personas en las que confías.

Para “Extraordinarios”, decidí que el primer participante tenía que ser alguien cuya disciplina, proyección y personalidad admiro profundamente. Elegí a Johan, un amigo del gimnasio. Fotografiar a alguien con quien tienes una amistad cambia por completo la dinámica en la sesión. No hay presiones comerciales, solo el objetivo de capturar su esencia pura. Ese primer disparo es el que rompe el hielo y le da vida real al proyecto.

La ejecución

Es el momento perfecto para experimentar con ese esquema de iluminación que no te atreves a probar con un cliente impaciente, o para llevar la corrección de color en DaVinci Resolve un paso más allá de tu flujo de trabajo habitual.

Durante estas sesiones, el enfoque no está en vender un producto, sino en conectar con el sujeto. Es en este espacio de libertad técnica donde solemos descubrir herramientas que luego terminan enriqueciendo nuestro trabajo comercial.

El lanzamiento

Llega un punto en el que el material está editado, la serie toma forma y es hora de compartirlo. Publicar un proyecto personal siempre genera un poco de vértigo porque es una parte de ti expuesta al mundo, sin la excusa de “es lo que pidió el cliente”.

Lanzar “Extraordinarios” en mis redes sociales no solo fue el final de un ciclo, sino el comienzo de otro: la interacción con la audiencia y la búsqueda del siguiente rostro para la serie.