Debo comenzar diciendo que me equivoqué y nunca pensé confesarlo en este espacio, jajaja. Toda la vida creí que lo más importante en la producción de video eran los equipos, la resolución, los modelos o los conceptos, y siempre dejaba la iluminación para el final. Pero la verdad cobró vida en mi última producción: la luz pasó a ser mi mayor prioridad. ¿Y por qué lo digo?
Este viernes tuve un rodaje para redes sociales con una marca a la que quiero mucho y con la que llevo un tiempo trabajando. Llegué al lugar según lo acordado, empecé a armar los equipos y pasé a las luces. Normalmente, me iba por un esquema seguro y sencillo de dos fuentes de luz, pero esta vez tuve una epifanía. Me pregunté: “¿Por qué no intentar algo diferente?” Y la otra voz en mi cabeza respondió: “¿Y por qué no?”.
Entonces planteé un esquema distinto. Ubiqué mi luz principal (key light) y utilicé las otras dos para jugar: una dibujaba la silueta del elemento para separarlo del fondo y la otra iluminaba el relleno, pero de manera muy sutil. Jugué con las temperaturas de color buscando esos acentos cálidos que le dan tanta vida a la imagen, y a pesar de que el esquema no fue algo del otro mundo, el resultado cambió por completo. ¡Me encantó!
Esa pequeña variación le dio otra percepción a la escena y al sujeto. Creó una narrativa visual totalmente diferente y me abrió las puertas a apostar por cosas nuevas en lugar de irme siempre por el camino más seguro.
Sí, lo sé, me hace falta estudiar más la luz, pero esto me abre una oportunidad gigante para complementar mejor mis ideas a partir de algo tan esencial y a la vez complejo. Prometo obsesionarme con ella; quiero empezar a crear narrativas a través de la luz y llegar a entenderla a profundidad.
Mi recomendación el día de hoy es esta: arriésguense. No pasa nada. Aprendan, sueñen y, lo mejor de todo, enamórense del proceso sin obsesionarse con el resultado.








