Hay una pregunta que ha estado rondando mi cabeza durante los últimos meses:

¿cómo volver a enamorarme de la fotografía?

Nunca pensé que llegaría a escribir algo así.

La fotografía ha sido mi pasión durante años. Ha sido mi motor creativo, mi forma de expresión, mi manera de entender el mundo. Pero algo cambió. Lo que antes era una relación llena de emoción y curiosidad, poco a poco se convirtió en una relación de odios y amores… y últimamente, más de odios que de amores.

No porque la fotografía tenga la culpa.

La verdad es que nos hemos alejado. Ya no fluye como antes.

Antes buscaba cualquier excusa para estar con mi cámara: salía a tomar imágenes sin un objetivo comercial, pensaba proyectos, editaba por gusto, creaba por necesidad. Vivía en modo creativo constante. Hoy, en cambio, muchas veces solo espero que lleguen clientes del segmento que más me gusta: la fotografía publicitaria y de moda. Espero proyectos grandes, visibles, “importantes”. Y mientras espero… pueden pasar meses.

Y esa espera me está afectando más de lo que imaginaba.

Me di cuenta de que, sin querer, dejé de crear por amor y empecé a crear solo por validación o por impacto. Dejé de disfrutar el proceso por estar pendiente del resultado.

Por eso este 2026 tomé una decisión: volver a reconquistar esa relación.

Entendí que la mejor forma de hacerlo es regresar al origen. Volver a ese Andrés del pasado que proponía proyectos sin miedo, que escribía mensajes sin pena, que asistía a lugares nuevos, que colaboraba, que preguntaba, que insistía. Ese que no esperaba a que lo llamaran, sino que salía a buscar.

Decidí empezar con un proyecto muy simple, pero profundamente significativo: retratar personas.

Pero no cualquier persona.

Quiero retratar personas que se destaquen en lo que hacen. Pintores, bailarines, escritores, deportistas, soñadores. Personas que viven su pasión con intensidad. Personas que miran la vida de una forma distinta.

En pocas palabras, personas extraordinarias.

Mi objetivo es retratar al menos a una persona cada mes. Sin presión comercial. Sin esperar reconocimiento inmediato. Solo con la intención de volver a sentir esa chispa creativa que me hizo amar la fotografía desde el principio.

Quizás no necesito grandes campañas.

Quizás solo necesito volver a mirar con curiosidad.

Volver a conectar con historias reales.

Volver a crear sin miedo.

Tal vez volver a enamorarme de la fotografía no significa encontrar algo nuevo… sino recordar por qué empezó todo.

Y este año quiero darme la oportunidad de descubrirlo.